domingo 7 de junio de 2026

SIN FRONTERAS

En 2018 en Don Giácomo se cobijó un hermoso ciclo de milongas

El sitio gastronómico-cultural fue comandado por Fernando “Negro” Grismado y Alicia Garmendia.

El ciclo fue organizado por Ileana Paolone, el propio Grismado, Patra García y la recordada Marita Fuentes, junto a varios músicos.

Ileana Paolone, la responsable del ciclo, cuenta: “La Milonga es un ritmo musical que antecede al tango. Con un compás dinámico, de pasos más rápidos y ágiles. Pero a qué nos referimos cuando hablamos de ir a una Milonga, Milonga se le dice al baile de carácter social dónde se va a ‘milonguear’. Son salones o espacios donde las personas se reúnen para bailar diferentes ritmos como tangos, valses y milongas.

Y hablamos de carácter social porque el tango milonguero es diferente al tango escenario o fantasía. ¿Cuál es la diferencia? El tango milonguero no tiene una coreografía predeterminada ni ensayada. Puede bailarse con personas desconocidas, se basa en la improvisación, en la lectura del cuerpo y el movimiento del otro. Ir a la Milonga es ir a dialogar sin palabras, el idioma es a través de los cuerpos y la base la conexión entre ellos.

Es una comunión que dura lo que dura la tanda musical sin otro motivo más que el de disfrutar, conectarse, sentir y vivir absolutamente en ese instante y no en otro”.

Continúa Ileana: “La Milonga es un espacio a veces complejo, donde se deben respetar algunas normas dentro de la pista y fuera de ella. Se debe bailar en el sentido contrario a las agujas del reloj, respetando siempre el lugar de las demás parejas.

En las milongas más tradicionales el hombre es el que invita a bailar a la mujer, pero con los años y dependiendo la geografía fue cambiando y hoy la invitación a la pista la realizan tanto hombres como mujeres.

 

 

Es importante tener en cuenta estos detalles antes de salir a bailar en una Milonga. El tango social/milonguero es aquel que puede bailar cualquier persona sin necesidad de una pareja estable de baile. Se puede bailar incluso con personas que jamás viste o con las que jamás bailaste. Es necesario conocer la dinámica, acostumbrarse al abrazo y aprender a ‘leer’ el cuerpo del otro. El tango es un idioma de los cuerpos sin ninguna otra connotación más que la de bailar y compartir. Al tango baile se le suele poner un carácter sexual que lejos está de la realidad.

Ir a una Milonga es conocer a otros y conocerse, es estar ahí y ahora, en el momento exacto de bailar. Es una experiencia que nos permite experimentar miles de sensaciones en una especie de comunión de la música, los cuerpos y el alma. Es la improvisación absoluta donde la mente deja funcionar y solo queda lugar para el sentir. Lo dijo Rodolfo Mederos: Como dos feligreses que van a misa ... Un encuentro místico”.

 

 

Fueron Ileana y Marita quienes le propusieron a Grismado realizar las Milongas. Ileana oficiaba de DJ, elegía el repertorio de los artistas celebrados, con Marita armaban las imágenes que se proyectaban en el televisor y junto a Grismado se encargaban de invitar a la gente, la local y de la zona, y convocar los músicos, allí estuvieron Rubén Exertier, Norberto Paolone, Juan Manuel Fagnano, el recordado “Pepe” Marchetti, Belén Palacios y la lista de artistas sigue.

“La intención que tuve con esas milongas era darle entidad al músico, al arquitecto, al creador del tango - relata Ileana -. A Pugliese, a Salgan, a Troilo, a Laurenz, con ellos hicimos temática las milongas, entonces ponía más tandas de ese artista, de vals, milongas o tangos de esa orquesta. Después hacía una tanda con la que cerrábamos que era siempre con Goyeneche con Troilo, con cualquiera de las orquestas que conformó.

 

 

Después invitábamos a los músicos, y se invitaba a la gente amiga que milongueaba en la zona y venían de Tandil, Saladillo, 9 de Julio, Olavarría, Azul, y otros lugares. Duraba hasta las tres de la mañana porque la gente de los lugares vecinos se tenía que volver. Se generó un ambiente muy milonguero, muy lindo, también se bailaba una tanda de folklore.

Los ojos de Marita y Patra con sus cámaras, captaban imágenes, muy bonitas, muy sentidas, tenían esa sensibilidad para captar momentos de abrazos y de caras, y describían un poco lo que pasaba”.

 

 

Por su parte, Grismado cuenta: “Los encuentros de Milongas fueron en el año 2018, pero con anterioridad yo ya venía madurando una idea, que la pizzería fuera mutando y se pareciera a esos bodegones porteños. Lo comentaba con amigos y entre ellos estaba Ileana, una de las cuatro hijas de Norberto Paolone, que tenía instalada la pasión del tango en la danza y el baile. Ella fue una de las grandes partícipes que hizo que yo me involucrara en algún momento con el tango y que hiciéramos todo lo que hemos podido hacer.

Ya había organizado Milongas y charlando con Ileana fue que germinó la idea de hacer milongas con dos amigas: Patra García y nuestra querida y entrañable Marita Fuentes, que le mandamos un enorme cariño al cielo. Fue así que empezaron a conectarse con ciudades y de esa manera, Bolívar, nuestra cantina, comenzó a estar en ese circuito”.

“Esto fue germinando y se pudo llevar adelante gracias a este hermoso y enorme trabajo que hicieron estas grandes amigas: Ileana, Patra y y Marita. Ilieana estaba abocada a las milongas que llevábamos adelante - finaliza Grismado -. Patra, ya sabemos que es una excelentísima fotógrafa, recopilaba todo con sus increíbles capturas y armaba todo el archivo.

Vivimos noches increíbles, en cada encuentro homenajeamos a algún autor o algún compositor musical, y se armaba una historia. Tratábamos de cubrir áreas de la cultura, siempre estaban presentes las peñas folklóricas y montones de otros espectáculos con artistas locales y de afuera, siempre con el espíritu de juntar amigos y deleitar una rica comida, siempre sostuvimos que es un cóctel maravilloso”.

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