domingo 26 de julio de 2026

SIN FRONTERAS

Recordamos a Jaime Torres, un maestro del charango que recorrió varios senderos musicales

Hay instrumentos que transmiten paz, sabiduría, nos hacen degustar el sabor de la tierra. Hay uno en especial, que con su fisonomía lo dice todo: humilde, pero noble; pequeño, pero dueño de un sonido poderoso; ancestral, pero con proyección al futuro.

La mayoría de los estudiosos coinciden que nació en Bolivia, su nombre deriva del vocablo ‘chajhuncu’, que significa alegre, bullanguero, hablador. Más tarde se lo comenzó a llamar ‘chajhuanco’, de ahí a charango hubo un sólo paso. Antes de la colonización en América no existían los instrumentos musicales de cuerda (cordófonos). Con la llegada de los españoles arribaron los instrumentos de cuerdas que serían copiados o adaptados por los nativos.

El musicólogo Carlos Vega nos brinda una aproximación del origen del charango: “Bien mirado, el charango, representa una antigua especie europea situada entre la guitarra y el mandolín modernos. Estos dos instrumentos europeos, si dejamos de lado las dimensiones, se diferencian especialmente en la forma de la caja de resonancia y en algún detalle secundario. El charango se acerca al mandolín por las cuerdas dobles, el abovedamiento de la caja y el tamaño y a la guitarra por el clavijero, por la tapa en forma de 8 y la consecuente entalladura del cuerpo resonador y por la sujeción de las cuerdas a un puente encolado sobre la tapa”.

Originariamente se lo construía con el caparazón del kirkincho, pero se han encontrado charangos construidos de madera laminada, con calabazas huecas, caramañolas o con cuero de cóndor; actualmente se los construye con material sintético (plástico). Su área de influencia abarca Bolivia, Perú, el Norte Argentino y parte de Chile.

 

 

Escuchando el charango percibimos el profundo respeto por los ancestros que tienen sus autores o sus ejecutantes. ¿Qué otra cosa hacer ante el charango de Jaime Torres sino escuchar embelesados y azorados ante este señor que nunca leyó una nota de música pero que suena como el más virtuoso de los ejecutantes?

Nació en San Miguel de Tucumán, sin embargo a los tres meses de vida recaló en un conventillo de la Boca donde abrazó un charango por primera vez a los cuatro años. No lo soltó nunca más. Hijo de un carpintero chuquisaqueño y de una madre de familia boliviana, fue instado para que aprenda las virtudes del instrumento con el maestro boliviano Mauro Nuñez. Carlos Vega lo encontró en 1947 cuando Jaime era ya un veterano del instrumento de ocho años y le grabó ejecutando un huayno, ‘Cuando me vaya de aquí’, como prueba de una rara especie en extinción. (Esta grabación se incluyó en “Amauta”, el disco que editó Jaime Torres en 1995 con producción de Gustavo Santaolalla).

En 1964 formó parte de la versión original de la “Misa Criolla” de Ariel Ramírez (en el año 2010 Mercedes Sosa realizó un recital en la Bombonera y allí estuvo Jaime Torres acompañando a la Negra, que cantó ‘Gloria a Dios’). En 1975 se transformó en uno de los mentores del ‘Tantanakuy’, encuentro musical que se celebra todos los años en Jujuy.

 

 

En 1967 realizó su primera gira por Europa, desde entonces no paró de visitar todos los rincones del mundo. En 1998 compuso la música de la película “La deuda interna”. Ha realizado discos con los mejores folkloristas vivos y fallecidos; con su charango se cruzó con músicos de diferentes extracciones: Paco de Lucía (flamenco), la Camerata Bariloche (clásica), Eduardo Lagos (jazz y folklore), Tata Cedrón (canción), Divididos y Gustavo Santaolalla (rock).

“Los viajes y el querer ver otras cosas me han enriquecido mucho – contaba Torres -. La tarea de los brasileños en ese aspecto es hermosísima, porque se han ampliado. Nosotros, en cambio, nos hemos cerrado y hemos dejado una estructura endeble desde los años 50. Cerramos puertas a músicos de rock que de muchachos bebieron los ritmos criollos: Gustavo Santaolalla, León Gieco o Ricardo Mollo, a los que da gusto escuchar porque te emocionan. Fijate que cosa incoherente: ¿cómo se puede explicar que un músico como Eduardo Lagos haya tocado por primera vez en Cosquín a mediados de los 90?”.

 

 

Jaime Torres y Eduardo Lagos grabaron “Chaypi” en 1994, un bello disco compartido entre el charango y el piano. Lagos integró por esos días el grupo de Torres, época que pasaron por Bolívar para actuar en el escenario de nuestro festival mayor.

A Jaime Torres no le gustaba que le dijeran maestro, afirmaba que era un término que se usaba livianamente. Su desprejuicio musical lo llevó a publicar “Electroplano”, junto al músico Alejandro Seoane, creador de la colección Buddha Sounds, sonidos orientales con bases electrónicas. En el 2005 se conocieron y comenzaron a trabajar en el proyecto. A Jaime Torres le habían propuesto en Europa hacer un disco de esta naturaleza, (en ese 2005 realizó una grabación experimental en Alemania), pero él decidió hacerlo con alguien de acá.

 

 

“Electroplano es música hecha en libertad - contaba Jaime Torres - Hemos trabajado con respeto y sencillez, sin intención de matar a nadie. Habrá disconformes, pero nadie podrá decir que está hecho desde una veta comercial. Tampoco creo que el charango le agregue mucho a la electrónica. Lo más importante que se puede rescatar es que el sonido del instrumento no está distorsionado. Es un diálogo intimista entre la programación y el charango”.

Dialogan en el disco ‘El humahuaqueño’ y ‘El cóndor pasa’ con otros temas compuestos para la ocasión pero que remiten igualmente al Norte aArgentino. El charango de Jaime Torres flota delicadamente encima de las programaciones de Seoane en esta propuesta respetuosa y osada al mismo tiempo. Hay otros pinceles que aportan otras coloraturas al trabajo: la voz de Sandra Peralta, la flauta del francés Magic Malik y el coro de Las Voces del Yaví.

 

 

Jaime Torres fue un explorador que transitaba por senderos diferentes. Las nuevas generaciones tienen la oportunidad de conocer a este músico inquieto, que con su sabiduría, su humildad y la bondad de su instrumento, nos muestra otro paisaje, otro mundo, auténtico y profundo.

Recordamos a Jaime Torres, un maestro del charango que recorrió varios senderos musicales
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