2026-03-26

SIN FRONTERAS

Una tarde con Alejandro Renna, músico bolivarense que arribó a Bolívar con muchas experiencias y anécdotas

El artista tiene varios proyectos de canciones, lo último que compuso fue una zamba dedicada a su padre.

Luego de recorrer parte de Sudamérica, Alejandro Renna regreso a Bolívar y consigo trajo su currículum artístico. En la música ingresó como oyente a comienzos del 2000, escuchaba Cabezones, Árbol, Carajo, luego descubrió Orcas, Malón y Hermética. Ya en el secundario aparecieron músicas árabes, africanas, cubanas, uruguayas, y toda la apertura del folklore, el rock y el tango.

“Ahora estoy escuchando a Milo J, que hace poco sacó un disco - cuenta Alejandro - Al rato ponía un tema de Negro Rada y luego uno de Cohen, cómo que se abrió un montón el espectro. Cuando iba al secundario acompañaba a mis amigos que hacían música, que tenían una banda que se llamaba Quilombo, hacían New Metal y yo iba al estudio con ellos. Luego me fui a La Plata a estudiar diseño industrial, no pude bancar la carrera y me puse a laburar, vivía con un cineasta y un músico durante mucho tiempo. Me juntaba todo el tiempo con gente de Bellas Artes y músicos y al mismo tiempo comencé a bajar discos, llegué a tener quinientos gigas de música de amigos que llegaban a casa y gracias a Dios me contaminaron”.

Acustiquex es la primera banda que Alejandro integró, comenzó a coquetear con el bongó y se encontró con Matías Fages, que estudiaba batería pero también tocaba la guitarra. “Así nació Acustiquex, que era un nombre gracioso, era como un chiste. Fui pasando por otros instrumentos y después agarré la guitarra, sin profesor, tuve un periodo de lectura y de partituras pero no sé leer música, aunque compongo canciones. En la búsqueda salen cosas, capaz que no sabes que cuerdas son, pero cuando escuchas tiene un sentido, quizás no está dentro de una escala o una tonalidad, pero hay una coherencia”, reconoce nuestro entrevistado.

Con Acustiquex, Alejandro y Matías registraron entre 2014 y 2017 los discos “Camino agreste”, “Verde”, “Gris” y “El poder oculto del sol”.

“En “El Poder Oculto del Sol” registramos doce temas y fue una maratón de dos días en donde tocaron quince músicos”, cuenta Renna. En ese álbum Alejandro aportó dos composiciones: ‘Sales’ y ‘Tierra’.

 

 

Continúa Ale: “Acustiquex fue una experiencia linda. Después nos fuimos de gira a Uruguay de mochileros y tocábamos en la playa de Maldonado con un equipo de baterías para los instrumentos. Nuestras canciones contenían elementos del rock progresivo, folklore, candombe, funk, blues. Esa experiencia fue la cúspide para mí. A mí me encanta ese set de percusión en donde aparece un tambor chico de candombe, un bombo legüero, una conga, un cajón peruano, unos platos y un tacho de bata”.

Telúricos nació en La Plata, Alejandro trabaja de mesero en un restaurant junto a un compañero y su amiga que estudiaban música en Bellas Artes. El destino los unió en ese lugar. “Tomamos impulso y armamos Telúricos, con Renata Cameletti en teclados, Fede Villanueva en bajo, viola y voz, Huguito Villano también en bajo, viola y charango y yo en percusión. Tocábamos folclore y algo de funk en formato acústico”, cuenta Alejandro.

En noviembre de 2016 Acustiquex y Telúricos se presentaron en Bolívar en el Patio de Marta y también en la Dirección de Cultura.

 

 

Homo Pantus salió de la inercia de toda la música anterior. En 2017 hicimos una gira con Acustiquex por Uruguay y después me fui con mi ex­ novia, Sol. En ése viaje tocábamos a la gorra y en ese tocar comenzaron a aparecer otras canciones mías y cuando llegamos a Ecuador decidí grabarlas en el estudio Mala Vibra en Cuenca”, cuenta Alejandro acerca de su ep solista.

En el disco participaron dos bolivarenses: Mauricio García Pacho en bajo y el 'Colo' Agustín Ordaz en guitarra eléctrica.

“Con mis canciones trato de mirar el entorno y tener una sensibilidad con lo que pasa – dice -. De escucharse, de ir por lo que uno tiene ganas a pesar del miedo de no poder ser coherente. Las letras van un poco del amor, del contacto con la naturaleza, tienen esa impronta. Y la música está contaminada, entre comillas, de todo lo que he escuchado. En la tapa del disco hay un tipo con rostro medio raro, con unas flores en la cabeza, es un hombre planta”.  

 

 

La entrevista con Alejandro se hizo en marzo del 2026 y su disco tiene hoy una plena vigencia cuando vemos cómo se depreda salvajemente nuestro medio ambiente. “Creo que las temáticas ambientales están en crisis de hace muchísimos años”, asiente Ale, “Homo Pantus” es la última grabación que realizó.

En Ecuador tocó percusión con la agrupación Batuque. En el año 2020 llegó la pandemia y Alejandro volvió a Argentina, hoy se dedica a la Bioconstrucción, aunque sigue enamorado de la música, en España estuvo un par de meses y tomó un Curso de Armonía; además, tiene varios proyectos de canciones, lo último que compuso fue una zamba dedicada a su padre.

“Tengo varios proyectos: hacer un programa de radio, conectarme con el ambiente musical de Bolívar, tengo un cajón, una guitarra y un tambor, me encantaría participar en una cuerda de candombe. La curiosidad por la música siempre está, estoy siempre abierto a encontrarme con gente para mostrarles mis cosas, incluso hacer temas nuevos, pero les voy dejando aire, son ideas. La curiosidad por la música va a estar siempre, me encantaría volver a conectarme otra vez con el ambiente de Bolívar”, dice Alejandro y damos fe que logrará su cometido.

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