2026-01-09

SIN FRONTERAS

Falleció Roberto Fats Fernández, trompetista argentino que engalanó la música argentina con su instrumento

El músico dejó una obra muy valiosa y hermosa, además de su figura de bonachón y buen tipo.

La trompeta es un instrumento con un misterio indescifrable. Su belleza y sonoridad sólo compiten con el piano y el saxo. No es un instrumento fácil de ejecutar, por su sonoridad es sencillo darse cuenta cuando suena mal.

El jazz la acogió primero en forma de corneta, luego, como trompeta, la recogió de las bandas militares de la guerra civil estadounidense. Rápidamente, los músicos comenzaron a elegirla, con mayor sonoridad y belleza estética. Louis Armstrong fue uno de ellos y él construiría un espacioso camino por donde surcaron y surcan los grandes instrumentistas del género.

Fats se dedicó a la trompeta desde muy pequeño, su nombre no dice nada, Roberto Fernández, pero se hizo conocido por el apodo, ‘Fat’s‘ (gordo), que se lo indilgó otro trompetista, Roy Elridge.

Idolatrado por los músicos, Fats recibió otros apodos, Dizzie Gillespie le apodó ‘Golden Sound’ (Sonido de oro), otro trompetista, Freddie Hubbard, ‘Mr. Chops’ (Señor Labios); y Astor Piazzolla le llamó: el Troilo de la trompeta.

Nació en La Boca y nunca se fue del barrio. Luego de haber participado en más de trescientas grabaciones discográficas y de tocar con Elridge, Dizzy Gillespie, Wynton Marsalis, Ray Charles y otras luminarias extranjeras.

Fats grabó a los cincuenta años “Un trompetista en Buenos Aires” (1987), su primer disco solista. Aquí interpretó varias canciones de Nebbia, que es quién le produjo el disco a través de Melopea. Hay una composición del trompetista Freddie Hubbard: un par de tangos de Gardel y un tema propio a medias con Nebbia, ‘Canción para Timoteo’.

 

 

“No es una obligación, sino una necesidad y un compromiso - decía un Fats muy entusiasmado - Me produce una cosa acá (señala su corazón) cuando dicen que soy el mejor. No creo ni en mejores ni en peores. Sólo hay buenos y malos músicos. Gato Barbieri me hablaba de encontrar el camino justo y yo no sabía de qué hablaba hasta que un día, casi por arte de magia, me di cuenta que lo estaba transitando. El camino justo son las emociones, las imágenes, la poesía y los colores que uno descubre cuando toca la trompeta de determinada forma. Es el éxtasis”.

Su padre, un tonelero que tocaba la bandurria, le hacía escuchar ópera a través de la radio. A los cuatro años tarareaba la parte de los clarinetes del preludio de La Traviata. A los seis, se fascinaba con las bandas que tocaban en la plaza del barrio, se paraba y miraba fijo las trompetas. Un día, un músico le desafió a que le sacara algún sonido, él lo hizo y el músico le explicó que eso no era nada fácil, que tenía condiciones para el instrumento. De esa manera comenzó el idilio de Fats con la trompeta. A los catorce años tocó por primera vez por dinero con los American Boys en el Centro Unión de La Boca (La Boca, siempre La Boca).

Tres años más tarde era integrante de la Georgia Jazz Band en la época de la típica y la jazz. Así conoció a Troilo, Varela, Pugliese, Mores y cantantes de la talla de Julio Sosa y Francisco Fiorentino. Su amor por el tango le llevó a grabar en 1996 “Tangos & Standards” alternando clásicos de jazz con ‘Gricel’ y ‘Ave de paso’.

 

 

Luego, vendría su participación en Sanata y Clarificación, la agrupación de Rodolfo Alchourrón y su corta pero fructífera relación con el Gato Barbieri. Una excelente prueba del papel que encarnaba Fats en esos días es “Buenos Aires Jazz Fusión (1981), el disco que produjeron el baterista Néstor Astarita y el contrabajista Jorge González con las participaciones de lo más granado del jazz local. Fats se luce en ‘Desde muy abajo’, un tema con aires latinos de Norberto Minichilo.

Fats fue un precursor, junto a sus compañeros del Club Jamaica (Baby López Fürst, el Negro González, Néstor Astarita, Gato Barbieri), de incorporar al jazz otros géneros. “No veo por qué no pueda incorporarse al jazz el repertorio de la música popular argentina - solía decir - Hay colegas míos que opinan que el jazz siempre fue de elites, en la Argentina. Yo creo que, por el contrario, ayudó a que la música popular tuviera más libertad, porque a partir del jazz es posible improvisar sobre la música brasileña, sobre el tango, y hasta sobre la música clásica, por qué no”.

 

 

Otro músico que se enamoró de Fats es Litto Nebbia, siempre lo convocó para tocar en sus discos y es el responsable de editar todos sus discos a través de su sello Melopea.

New York Sessions & trabajos porteños” (1989) reúne temas grabados en New York con el saxofonista Paquito D´Rivera y el pianista argentino Carlos Franzetti (destacan ‘Gizela’ de Fernández y ‘Canción sin palabras’ de Franzetti).

La otra cara del álbum agrupa a músicos argentinos acompañando a Fats para que despliegue su versatilidad que le permite sobresaltar con un sobreagudo al estilo de Maynard Fergusson en ‘El casamiento de los músicos’ de Nebbia o endulzar como un Chet Baker en ‘Dos que ya no cambian’ de Nebbia-Mignogna.

 

 

“Cuore” (1991) incluye material grabado en el estudio El Nuevo Mundo más un tema grabado en New York, ‘Tema de Bill Watrous’ con el pianista argentino Jorge Dalto; y tres músicas registradas en vivo en Mendoza.  La bossa que abre el disco, ‘Chorinho para el Conde’, demuestra el ecléctico repertorio que eligió el trompetista de la Boca para éste, su tercer álbum. ‘Una noche en Túnez’, emblemática composición de Gillespie, se constituye en el plato fuerte del disco. Registrado de un recital, Fats vuela con su trompeta y con su voz haciendo scat hasta límites insospechados.

Fats Fernández nos dejó una obra muy valiosa y hermosa, además de su figura de bonachón y buen tipo.

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