SIN FRONTERAS
Un encuentro con Tin de Azevedo, un prolífico compositor dueño de una inmensa obra a descubrir y disfrutar
Los que andamos en el ambiente de la música local conocemos a Tin de Azevedo, quizás el compositor bolivarense más prolífico de la historia local, es autor de más de cien canciones y continúa cultivando su perfil bajo. Hace un tiempo había dejado de subir canciones en las redes sociales, pero ha retomado esa tarea aunque no es material nuevo, y cuándo le preguntamos la razón, contesta: “Si te referís a mi hobbie de componer, ¡no lo sé! Hace rato que por una cosa u otra no me siento conmigo a ver que descubrimos”.
Tin ha mostrado una novedad este año: comenzó a verse en los escenarios como guitarrista de Sandra Santos. “Con Sandra somos amigos desde hace unos cuantos años - cuenta Tin -. Tuvo la idea descabellada, creo yo, de sumar gente nueva a su ‘nuevo proyecto’ (y dije nueva, no joven). Si bien el pianista (Juan Manuel Montero, de Henderson) y el percusionista (Javier Díaz Corbera) son unos pibes, la abuela Santos tenía que equilibrar la balanza (dato, no opinión). Sobre mi actividad como ‘charrasqueador de guitarra’ en el grupo, estimo que seguirá hasta que ya no me aguanten o empiece a hacer mella la artrosis en mis dedos (?)”.
En el hogar de Tin se escuchaban Los Chalchaleros y estaba ahí, a mano, la guitarra de su padre. En sus días escolares su madre lo llevaba a una profesora de música y allí comenzó a coquetear con el folclore. “La cuestión es que me encontré en mi adolescencia con una viola y muy poco conocimiento musical. En esa etapa complicada de edades difíciles me retraía en mi dormitorio canturreando en voz baja canciones de rock nacional, que era lo que los pibes de mi edad escuchábamos (incluso algunas en inglés, por fonética tehuelche)”, recuerda Tin.
Con respecto a su papel de hacedor de canciones confiesa que hacer una canción fue un ensayo inconsciente. “Creo que seguí por este camino hasta hoy, inconscientemente, claro. En realidad, mi formación es tan escasa que no debería haber hecho ni una sola canción en mi vida. En resumen, se podría decir, que soy un inconsciente que disfruta de intentar una y otra vez hacer una canción que lo mantenga insertado en este mundo de fantasías que es la música”, explica.
Tin diseña y graba sus canciones en su ‘Lavadero Records’, y agradece a Fabio de Sandro, un amigo que le enseñó cuestiones sonoras y ha aportado segundas voces en varios de sus temas. En sus canciones participan sus hermanas Eugenia y Natalia (Natty Blues), su hija Alina (Cuca Feliz), la citada Sandra Santos, Jorge Godoy y Emilio Díaz Gerea, un ex yerno de Tin. “Habitualmente las canciones ya están ahí y cada uno hace su versión. Si bien es cierto que a veces he abusado de mi paternidad para lograr que mi beba ponga su voz en su adolescencia (soy un padre maltratador, ja), se podría decir
que es bastante democrática la elección del intérprete”, se sincera.
Hay una participación muy particular en la obra de Tin, la de Silvio Álvarez, su compañero de banco. “Con Silvio nos conocemos desde cachorros. A veces nos juntábamos después del cole a matear, a hacer churros y jugar con la guitarra (no a estudiar) - recuerda Tin -. Un día apareció con un pedazo de melodía y algunas palabras. Avanzamos muy poco en verdad, y quedó por ahí olvidada en algún lugar”. Treinta años después Tin recordó la melodía y le dio forma de canción sin que perdiera la esencia adolescente, la tituló la ‘Olvido olvidarte’, e invitó a Silvio a grabar la segunda voz.
Para Tin, la composición de una canción ha sido un aprendizaje continuo: “Generalmente (por no decir siempre), amaso algunas combinaciones de notas y balbuceos - profundiza -. Primero es la melodía. Luego, después de varios intentos, se fuerza una letra (y digo que se fuerza porque me cuesta mucho escribir). Se me hace difícil. No solo por tener poca formación, sino por tener ciertas reglas autoimpuestas. Simplemente pongo hincapié en la rima y busco palabras con cierta fuerza (sí, hay palabras que tienen más fuerzas que otras), también le doy mucha bola a la narrativa coloquial. Cuando alguien lea o escuche debe suponer que ¡el autor es argentino, bolivarense y de Casariego! Trato de evitar el tuteo (el tú y el para ti), con el voseo de barrio me siento más cómodo.
También me he aventurado en ponerle música a obras literarias de personas que voy encontrando en el camino (como la de Betty Alba, ‘Lo que olvidaste’), algo que creo que ya no volveré a hacer porque es bastante más complicado para mí, aunque debo admitir que me gustó el desafío. Me siento más cómodo adaptando una prosa o algún relato de vida (así nacieron algunas como ‘Mi mochila conurbana’ y ‘Mi noche sin estrellas’)”.
Tin reconoce influencias de Gustavo Cerati, su debilidad; Charly, Spinetta, Fito, John Lennon, Genesis, The Police, Coldplay, Oasis, Keane y Foo Fighters. “No me olvido de nuestros grandes autores populares - aclara - directa o indirectamente fui abducido por varios grandes músicos: Atahualpa, Astor, Horacio, el Cuti, Peteco y tantos que es imposible nombrarlos a todos”. Volviendo a sus temas reconoce que se asomaron tímidamente y fueron mutando a melodías más aggiornadas, y ha roto estructuras pop-rock para llevarlas al folclore y viceversa.
Por último, Tin agradece y confiesa: “Trataré en este breve y último párrafo agradecer muy sinceramente a todos los músicos bolivarenses que estuvieron siempre, o a veces, dándome una mano y compartiendo sus conocimientos y su tiempo. ¡Quiero confesar públicamente que a todos les he robado algo!”.