NUEVOS AIRES
El ying y el yang de la vida
Transitamos una semana corta después de una extensa semana. Es como el ying y el yang del almanaque. Y de la vida también, por supuesto. Porque debemos descansar después de tanta intensidad por los aires. De andar esquivando piedras con punterías y acusaciones con estrategias, y lo que se rompe en cientos de pedazos son las relaciones, son las amistades, son los encuentros alrededor de la mesa, los (buenos) momentos compartidos.
El reloj de arena de la vida va filtrando sus días en granitos que representan cada instante que vamos viviendo. Y el Día del Padre, una oportunidad de presencia y esencia. Y la mirada hacia arriba. Y el silencio profundo. Y el abrazo prolongado. Y la oportunidad de decir lo que anda atravesado en la garganta.
Somos instantes. Somos oportunidades. Somos imprevisibles. Tanto como cruzarnos con una comadreja mientras mateamos en el parque. Y entra tantas posibilidades de que algo ocurra, nos preguntamos por la lluvia. Porque el servicio meteorológico nos sigue avisando del agua y sin embargo la ropa se sigue colgando afuera y se seca. Aunque la gran ventaja es que los bolsillos ya andan secos desde hace rato.

Y de pronto los alquileres siguen subiendo y las personas que tienen que renovar (o mudarse) se sienten desfallecer. Y los alumnos se pelean y las autoridades necesitan de un VAR para tomar decisiones disciplinarias justas. Y manejamos así todas las emociones de los personajes de Intensamente, la película de Pixar. Pero nosotros no vivimos en base a guiones y por eso es que vamos improvisando y actuando en consecuencia.
Entonces cada día se presentan héroes anónimos en hemoterapia para donar sangre. Y somos empáticos y solidarios cuando alguien necesita algo que nosotros podemos brindar. Avisamos de animalitos que andan perdidos en busca de sus hogares y damos nuestras manos cuando nos cruzamos con algún emprendedor.
Sabemos que la vida es una montaña rusa. Algunos se asustan, otros se envalentonan, otros la disfrutan. Pero lo que sí hacemos absolutamente todos, es subirla y andarla. Porque sabemos que después de una caída vertiginosa o de un giro inesperado, llega el trayecto calmo. Al igual que lo que ocurre después de cada tormenta… por más que no llueva.
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