martes 24 de febrero de 2026

NUEVOS AIRES

Sobre pasiones y otros condimentos de la vida

Porque la pasión se ve no sólo en el grito desaforado de algún gol, sino cuando opinamos e intercambiamos ideas sobre temas que no conocemos o no manejamos.
Sobre pasiones y otros condimentos de la vida
Sobre pasiones y otros condimentos de la vida

Aquellos que no saben de fútbol o no entienden de ciertas pasiones, andan desconcertados diciendo por ahí… Que el dólar se dispara, pero nosotros salimos disparados a las calles a festejar. Que se destapan casos de corrupción, pero nosotros nos tapamos para no sufrir tanto durante las tandas de penales. Que todo se va por la borda, pero nosotros somos campeones y eso es lo único que importa. Y sin embargo…

Nos preocupamos y actuamos en consecuencia cuando nos enteramos que alguien pasa frío con estas temperaturas o quedan en la calle por culpa de incendiarios descorazonados. Entonces se organizan juntadas de abrigos, de alimentos, de lo que sea necesario para abrazar al otro. Lo mismo sucede cuando queremos saber dónde está el pequeño Loan, quien nos tiene a todos pendientes de su búsqueda a nivel nacional, al igual que las ganas que tenemos de encontrar, a nivel local, a Juan Woldryk.

Nos preocupamos por los precios de algunos productos comestibles y también de los alquileres, no nos juntamos tanto para asado de vaca y ahora sí más para churrasquitos de cerdo. Pero no por eso dejamos de juntarnos para celebrar la vida, la amistad, el amor, o lo que sea necesario para que la alegría siempre gane el partido de la vida. Porque la pasión se ve no sólo en el grito desaforado de algún gol, sino cuando opinamos e intercambiamos ideas sobre temas que no conocemos o no manejamos. Ya sea de economía interna, de política exterior, de algún deporte mientras lo miramos desde alguna pantalla, de ciertas canciones que cantamos desafinando, de artistas que desconocemos, de vidas ajenas a nuestro mundo y formas de vida.

 

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Y mientras trabajamos, tomamos unos mates, o ajustamos el gorro de lana para que nos tape también los oídos, debemos escuchar debates con altura, urgencia y precisión sobre quienes desean bautizar una calle de la ciudad con el nombre (y apellido) de Guillermo Vilas. Entonces arrojamos lejos de una volea los baches sin tapar, los accidentes nuestros de cada día, los pequeños robos que se están haciendo más frecuentes, la desatención hospitalaria, los bolsillos estatales, y otras desidias de nuestra querida política.

Es entonces que aquel que sentado desde la comodidad de su sillón y con las cortinas corridas para la ocasión, nos puede ver saltando abrazados al afortunado que tenemos al lado, dando bocinazos festivos a la tres de la mañana, saliendo a la calle para explotar de alegría, no entiende que somos seres vivos y activos que sabemos expresar nuestros sentires, con tristezas cuando las cosas no salen o se hacen mal, y con felicidad cuando el trabajo bien hecho nos gratifica. Porque el mundo no deja de girar… y nosotros tampoco.

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