martes 24 de febrero de 2026

EN PRIMERA PERSONA

El sueño del vino propio

Además de beberlo y disfrutarlo, hay que contarlo.
El sueño del vino propio
El sueño del vino propio

Hablar de vinos es infinito, y como por algún lado debo empezar, lo haré contándoles acerca de la concreción de un sueño: tener mis propios vinos.

Al momento patenté tres, ya todos se vendieron. Hacer estos vinos no fue sólo el contenido, que obviamente estuvo a cargo de un enólogo. Mi parte se dividió en la responsabilidad legal -inscribir la patente en el Instituto Nacional de la Propiedad Intelectual (IMPI)- y elegir las cepas, aunque tal como cuando nace un niño, el nombre de cada vino fue lo más pensado y trabajado.

El primero, denominado “Más de lo mismo”, buscó convertir en arte un viejo dolor. Es la historia de una frase muy hiriente. Así dijeron alguna vez que era yo: más de lo mismo. Pero en lugar de ponerme a llorar esa pena, esa frase que quedará marcada para siempre la transformé en arte: un vino tinto Malbec de la zona de Tunuyán, Mendoza.

 

Hoja en blanco.

 

El segundo, “Hoja en blanco”, fue una sugerencia de mi hija Constanza, quien antes de partir hacia un viaje muy importante para ella me dijo que, a partir de ese momento, su vida sería una hoja en blanco donde escribiría una nueva historia, la suya, la propia. Nació así un vino blanco, dulce, de cosecha tardía.

El tercero, “Sin permiso”, un blend que tuvo como valor agregado ser vestido en Bolívar. Las etiquetas fueron diseñadas y realizadas en nuestra ciudad por dos jóvenes audaces que me acompañaron, Josefina y Emilio Losada.

El nombre de este último surgió de largas charlas con un amigo y cliente, Darío. Él me recomendó una serie que, luego de verla, me dejó pensando mucho y remitió a todas las acciones que llevamos adelante en nuestra vida, pidiendo permiso. Pero a veces llega el momento de hacer lo que dicta la razón y el corazón, precisamente, sin pedir permiso.

 

Sin permiso.

 

Ya se está gestando el 4º vino patentado. Además de la selección de la cepa y el trabajo con el enólogo, su nombre -que revelaré cuando lo presente- está vinculado a una de las características que más aprecio en una persona.

El vino, además de beberlo y disfrutarlo, para mí, personalmente, hay que contarlo. No es una bebida cualquiera. Cada vino es una historia diferente.

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