jueves 18 de abril de 2024

HISTORIAS

De Bolívar a Malvinas: la conmovedora experiencia de una mujer que visitó el cementerio Darwin

La bolivarense Alejandra Comas visitó las Islas Malvinas y relató su experiencia emocionante al visitar el cementerio Darwin, donde se encuentran los restos de combatientes de Malvinas. "Te largás a llorar y no podés parar", expresó.

De Bolívar a Malvinas: la conmovedora experiencia de una mujer que visitó el cementerio Darwin
lunes 01 de abril de 2024

Alejandra Comas es una de las pocas bolivarenses en visitar las Islas Malvinas y emprendió el viaje con su sobrino de 18 años con un objetivo claro: llegar al cementerio Darwin, donde se encuentran los restos de los combatientes argentinos de la Guerra de Malvinas. La mujer relató cómo fue el proceso del viaje, la emoción que los arropó al pisar ese suelo y de qué manera transitó la vuelta hacia Bolívar con todas las sensaciones encontradas.

En diálogo con PRESENTE, Alejandra contó por qué tomó la decisión de ir hacia las Islas Malvinas. En primera instancia, reveló que su objetivo es viajar con cada uno de sus sobrinos. Ya viajó con dos y el tercero, de 18 años, fue el elegido para ir a las Islas Malvinas en un crucero. Como desde Argentina no se puede ir, tuvo que ir hacia Chile, pasó por la Antártida y lluego llegó a su destino. "Uno no se imagina... Yo sabía que iba a ser emocionante, pero no tan emocionante", expresó.

En cuanto a la ciudad, la describió como muy pintoresca porque "es como si fueran las casitas de La Boca de todos colores con techos rojos, azules, negros, amarillos". "Los habitantes viven en la costa, es un rectángulo largo a la orilla del mar donde se establece la ciudad", añadió.

 

 

Sobre las características del paisaje, destacó que el relieve de las Islas "es algo totalmente inesperado. Tenés ríos de piedra, nunca vi una cosa igual. Lo ves de lejos y lo ves plateado porque las piedras son puntiagudas y color blanco". Alejandra también detalló que la ciudad "es muy inglesa" desde las cabinas telefónicas, manejan al revés que en Argentina y "tenés un pulcritud que no encontrás un papel tirado en el suelo". En cuanto al clima, pensó que iba a hacer mucho más frío pero estaban con una simple remera, y dijo que la arena es muy blanca como si fuera el Caribe. "El mar es totalmente transparente. Es un agua muy fría, sino no envidia nada a lo que es Cuba", indicó.

 

"El argentino ahí es mal visto"

 

"Nos costó muchísimo desembarcar porque nadie nos quería, así tal cual. Tengo los mails con la chica que contrató la excursión, no quieren que vayamos los argentinos", indicó. Según pudo saber, es porque "escriben las casas y pintan banderas", por lo que expuso cómo se sintió frente a esta situación: "Duele, pero desgraciadamente tenemos que decir que el argentino ahí es mal visto. A pesar de eso, por más que ellos no nos quieran, fueron totalmente cordiales. En ningún momento nos trataron en forma despectiva". Afortunadamente y después de tres días de tramitarlo, pudo concretar la recorrida por el cementario Darwin a través de un excombatiente de Malvinas oriundo de Azul que tiene una agencia de turismo. "Uno piensa que es ahí nomás pero son 50 kilómetros de asfalto y 30 de río, y no todo el mundo quiere ir. Me volvió el alma al cuerpo", dijo.

 

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Tenían solo siete horas para estar en las Islas Malvinas y estuvieron una hora en el cementerio, una experiencia que generó emociones encontradas tanto en ella como en su sobrino. "Lo único que escuchás cuando caminás es el ruido de la zapatilla en el camino de piedras y el ruido del viento. Es la nada misma, todo desierto y lo único que ves son las cruces blancas. Para mí fue terrible. A mi sobrino le decía 'estos nenes que están acá son como vos'. Te largás a llorar y no podés parar", manifestó. Además, se acordó de una de las lápidas cuyo cuerpo nunca fue reconocido: "Por más que hayan reconocido gracias a Dios a muchos, esa te parte al medio".

 

 

Dentro de ese viaje en crucero, también conoció la Antártida, aunque en este caso no pudieron bajar del barco. "Uno se siente explorador, te sentís extraño porque, como no hay nada en la Antártida más que las bases, parece que estás descubriendo el mundo", consideró. "Lamento haberlo hecho tan tarde, fue un agradecimiento ir y pisar el suelo, rezar ante esas tumbas", resaltó Alejandra.

 

 

 

En última instancia, contó que al volver a Bolívar le costó desprenderse de algunas vivencias "desde algo más trivial como el clima hasta el paisaje, la vista, uno tiene mucho guardado en la retina y en el corazón". Y concluyó con una reflexión vinculada a la dictadura militar: "Es una mala palabra, debe haber una milésima que está de acuerdo con eso. Para mí fue terrible aunque lo viví desde otro lado, porque en Bolívar en esa época no nos enterábamos de muchas cosas. Uno viene a descubrir mucho de grande, no de adolescente".

 

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