Raly Barrionuevo, ante más de 300 personas y sin libretos, se presentó en Bolívar
La productora bolivarense Cable A Tierra definió el del sábado como uno de los shows más importante que organizó. Raly Barrionuevo convocó a más de 300 personas, llenó el Coliseo y complació a su público con un repertorio que mezcló improvisación y pedidos.
Al llegar al teatro se veían en el escenario cinco guitarras, un piano, una silla y un micrófono en el centro. Si bien las puertas se abrieron 20.30, el público fue llegando tímidamente en un principio. Más cerca del horario de inicio, el Coliseo se llenó.
Todas las butacas, los palcos e incluso el primer piso, desbordó de gente para ver al músico y compositor que nació en Frías, Santiago del Estero.
Diez minutos después del horario previsto, pisó el escenario, saludó y lo recibió una ovación. Raly se acercó al centro y tomó un papel en el que, según dijo, había esbozado una lista de canciones que de todos modos, no seguiría el orden.
Barrionuevo anticipó que iba a dar un concierto con mucha interacción, en el que el público podía elegir las canciones que quería escuchar. “Para mí es muy importante esta etapa que ha comenzado ahora, de cantar solo. Me he estado preparando muchos años para disfrutar de otra manera la música”, afirmó.
“Comencé hace muchos años siendo un muchacho con una guitarra y un puñadito de canciones y es lo que sigo haciendo de alguna manera u otra. En realidad armo listas de canciones para hacer otras. Cuando tengo una banda los vuelvo locos para seguir cierto hilo conductor en un concierto, porque sino la gente está ahí viendo para dónde disparo. Como hoy es un unipersonal veremos lo que vaya pasando, serán canciones que vayan surgiendo”, anunció antes de tomar un instrumento.

Así, en su presentación adelantó que no sabía con cuál iba a empezar y desde el público llegó la propuesta. “Zamba y acuarela”, una de las más conocidas que bien puede ser parte del final de un recital, fue la que inició su visita a Bolívar.
Para seguir eligió “Al costado del camino”, un tema que integra el disco Rodar, trata de la infancia y lo interpretó desde el piano. De nuevo con una de las guitarras, continuó con una huella, en su introducción explicó que la incluyó por estar en la provincia de Buenos Aires.
Más adelante sonó “Si acaso vuelves”, del disco Circo criollo y para seguir en la temática la elegida fue “Frías”. Previamente le pidieron “Volveré a Salavina” y, para complacer, hizo una estrofa.
Como en cada uno de los temas que integraron su repertorio, previamente hizo una introducción y con “Un pájaro canta” no fue la excepción. Contó que la letra es dedicada a Jacinto Piedra, la mitad de la canción la hizo mientras estaba vivo y la otra, cuando había fallecido a causa de un accidente de tránsito.
En una parte del concierto se tomó su tiempo para recordar a su madre y una de las canciones fue “De mi madre”. Esta no tuvo presentación, solo dio el nombre del instrumento que utilizó: un requinto con cuerdas de guitarra.
“Sabemos que el regreso es un sueño quizá de otras dimensiones y nos cuesta en este tiempo”, dijo luego para seguir desde el piano con “El sueño de los viajeros” y remarcó la frase del estribillo: “volver no es más que partir otra vez”.

En ese momento, dispuesto a seguir con una lista de canciones improvisadas, se escuchó la voz de un varón que estaba sentado en uno de los palcos a la derecha del escenario. El joven contó que le propuso ser su novia a quien ama y ella aceptó, por eso le agradeció el momento mágico. Ante esto, Raly que había agarrado una de las guitarras, la cambió y cantó “Zamba de usted”. Después hizo a capela una parte de “Amémonos”.
Seguidamente se enfocó en Chango, disco que editó en 2014 dedicado a José Ignacio “Chango” Rodríguez, músico popular argentino. “Marea del estudiante” que introdujo al indicar que la historia se remonta al Cordobazo y “Vidala de la copla”, fueron las dos escogidas. En este última subrayó las frases “Vidala tengo una copla, no me la vas a quitar/ Si le digo que sos fuego, te han de querer apagar/ Pa' que no apaguen tu fuego, tal vez algún pobre me ayude a soplar”.
Seguidamente leyó la lista de temas para que el público elija. Surgió “La niña de los andamios”, para retomar el homenaje a su madre. Previo a cantarla dio a conocer que ella nació en 1932, falleció hace 10 años y le dio la libertad. “No es una canción de responso ni plantea tristeza, sino un agradecimiento gigantesco de vida. El andamio representa el trabajo, el sacrificio y también el riesgo”, enumeró.
Más adelante recordó una canción de la iglesia que escuchaba cantar a su madre. Aunque aclaró que es agnóstico, le divirtió la idea de tocar en el piano “Pescador de hombres”. La siguió “La casa de mi madre” que acompañó con una anécdota junto a León Gieco, en la que se generó un intercambio de opiniones por el nombre de las flores, si eran Malvones o Geranios.
Ya lo había anticipado al promediar el recital y llegó el momento de “armar un bailongo”. Invitó a quienes quieran bailar y rápidamente se llenaron el escenario y los pasillos del teatro. Raly amenizó el momento con una seguidilla de chacareras que empezó con “Chacarera del exilio”.

Para comenzar la despedida interpretó “Niña luna”, “Seremos agua”, “Luna cautiva” y “Somos nosotros”, una tras otra y sin detenerse demasiado en introducciones. El reloj que tenía en el atril le marcó que iban dos horas de show y, como había dicho en un momento, iba a cantar hasta que tenga ganas de comer algo y tomar un vinito.
Así fue como se despidió, ante un público aplaudiendo de a pie que, al verlo irse del escenario, coreaba su nombre y le pedía una más. Volvió para el bis con “Ey paisano” que cantó parado, luego saludó y agradeció al público que se fue asombrado tras vivir una noche a solas y sin libreto con Raly Barrionuevo.
Melina Gómez