NUEVOS AIRES
Las vueltas del ombligo
En algún tiempo lejano, los habitantes del planeta se creían el centro del Universo. Todo giraba alrededor de nuestro planeta, casualmente, giratorio. Hasta que Galileo frenó la pelota para demostrar que, si bien era verdad que damos vueltas sobre nuestro eje, como quien se mira el ombligo y todo sucede alrededor de nuestro ser, estábamos a un costado, apartados, relegados, de la vastedad del Universo.
Somos un planeta pintoresco dentro de otras pinceladas en la artística del Dios que cualquiera crea. Y como alguna vez creímos con fervor y fe que Dios era más argentino que el mate, la birome Bic, y la Dalma y la Ganina, Argentina se adueñó del mundo y nos convencimos de que el resto del planeta, con sus distintos idiomas, costumbres y culturas, están pendientes de cada movimiento que realizamos. Y si cerramos el círculo y lo hacemos más apretadito, San Carlos de Bolívar, se encuentra en el centro de la Provincia de Buenos Aires, por lo que todos los caminos conducen hacia nuestra amada ciudad.
El turista desprevenido, el nostálgico de otros almanaques locales, el viajero perdido, el arraigado y el liviano de equipajes, acertará a pasar por acá como un diestro lanzador de dardos y se encontrará con que estamos en una de las ciudades más frías (quizás la más fría) sin tener demasiadas excusas para que eso suceda. Pero las bajas temperaturas no aminoran los accidentes nuestros de cada día. Y se sigue jugando a la ruleta de las motos sin cascos, de las esquinas sin frenos, y a las velocidades de los remises… también para subir sus precios. Los semáforos no son una solución efectiva y los lomos de burro que hay que escalar son tan exagerados como algunos badenes que compiten con algunos baches que ya son patrimonio local.
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Mientras tanto los zorros pasean por la ciudad porque no quieren ser los únicos animalitos salvajes que andan pululando por ahí. Y ya que los perritos callejeros cantaron “bingo” en mordidas de ciclistas y caídas de motoqueros, ahora se dedican a buscar pelea con las mascotas que salen a pasear o a buscar algún arbolito para sus necesidades.
Y así vamos pasando estos días de poca luz solar y escasas temperaturas, calentando el cuerpito con la llegada de las facturas de la luz y del gas, con los alquileres de viviendas a cambio de riñones, con el hospital funcionando con curitas, y con la remada de vida como “deporte nacional”.
Y hablando de pasiones tan nuestras, la Selección Argentina ya se encuentra en las semis de la Copa América, y el próximo partido buscando una nueva Final, será el 9 de julio, Día de la Independencia Argentina, que celebraremos con banderas y camisetas esperando un gol de Messi y compañía, porque sabemos que la alegría argentina pasa por nuestros sentimientos, por nuestras acciones, por nuestras ganas de salir adelante, por esos pequeños detalles tan nuestros que, a pesar de los problemas, sonreímos convencidos de que estamos en el mejor lugar del mundo. Y seguramente sea así. Más allá del ombligo, del centro del tablero, de las vueltas de la vida, y de la camiseta que usa Dios para salir a laburar… tan parecida a la que usamos cada día, cada uno de nosotros.
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