domingo 18 de octubre de 2026

SIN FRONTERAS

Miguel Abuelo y su aventura musical en Francia

Casi todos los artistas tienen en su carrera discográfica ‘una figurita difícil’, un álbum inconseguible, uno de ésos es “Miguel Abuelo et nada” (1973), disco solista de Miguel Abuelo que se elevó a la categoría de incunable.

Miguel Abuelo había dejado Argentina en 1969 buscando aires de libertad que no encontraba en su terruño. Primero recaló en Cadaqués, luego en Madrid; en Ibiza conoce a Krisha Bogdan (cuñada de Tanguito e integrante del Instituto Di Tella). Viajan juntos a través de España y en 1972 se dirigen a Londres. Se casan y Krisha dará a luz al único hijo de Miguel, Gato Azul Peralta. Londres es duro para ellos. Preparan los bolsos y parten hacia París. Allí Miguel se encuentra con Edgardo Cantón, músico electroacústico que estaba trabajando en el laboratorio de música concreta de Pierre Schaeffer, él es quién lo conecta con Moshé Naïm.

Millonario y productor extremadamente culto, Naïm había trabajado con Salvador Dalí y había financiado a artistas de la talla de García Lorca, Rafael Alberti, Paco Ibáñez y Nana Vasconcellos.

El productor israelí queda prendado con el talento de Miguel y le propone grabar un disco para su sello discográfico. Miguel convoca al guitarrista Daniel Sbarra. Con la cabeza influenciada por el heavy metal, Sbarra entra en la banda que pasó a llamarse ‘Nada’. La completaban un seleccionado de argentinos y chilenos exiliados en París: el violonchelista Carlos Beyris, Diego Rodríguez en batería y Juan Dalera en quena.

“El tipo (Moshé Naïm) lo veía como una excentricidad y pensaba que por ahí estaba el futuro – recuerda Daniel Sbarra -. Era visionario y ambicioso: soñaba con que presentáramos el disco en el Palacio de los Deportes de París, ante doce mil personas, bajando al escenario desde un globo aerostático”.

Naïm los instala en un castillo medieval abandonado donde ensayan durante un par de meses para después salir a tocar de gira por el circuito costero de Francia, compartiendo cartel con bandas de la talla de Van der Graaf Generator. Pero el grupo no tenía material como soporte, el disco todavía no se había editado, y muy pronto comenzaron a notarse las diferencias.

“Íbamos con camiones tremendos, con generadores eléctricos y todo. Tuvimos muy buenas críticas sobre el show, pero el grupo tenía diferencias internas. Daniel quería hacer una línea Deep Purple y no nos poníamos de acuerdo, en el disco se nota que las guitarras tocan en un estilo diferentes que en las canciones. Así que a la larga nos disolvimos”, declararía Miguel Abuelo años más tarde.

El disco comienza con ‘Tirando piedras al río’, que alterna la belleza psicodélica de Abuelo con la dureza guitarrística de Sbarra. En los tres últimos temas del disco, ‘Señor carnicero’; ‘Recala sabido forastero’ y ‘Octavo Sendero’, compuestos por Sbarra, se profundiza aún más el estilo de rock duro que desdibujan la estética y la lírica de Abuelo.

 

 

Miguel decidió incluir ‘Estoy aquí parado, sentado y acostado’, compuesto junto a Pipo Lernoud, editado a fines de los 60 con la primera formación de Los Abuelos de la Nada. La canción es una de las joyitas del repertorio de Abuelo y esta versión, más extensa que la original, luce imponente con los arreglos y la instrumentación que incluye cello, armónica y diferentes percusiones. En la mitad del tema entran en juego las guitarras (y los arreglos guitarrísticos) de Daniel Sbarra que en este caso sí están al servicio de la composición.

 

 

El verdadero Abuelo se profundiza en ‘El largo día de vivir’, tema con una música cuasi pastoral coronada por flautas y cellos. Su poesía tan personal, su impronta psicodélica, su visión acústica para arropar a una canción hacen única a ‘El largo día de vivir’. Se podría afirmar que Miguel Abuelo compuso en 1975 el prólogo de lo que sería su ‘gran tema’: ‘Buen día, día’, editado en su disco solista de 1985.

 

 

Miguel Abuelo tenía 27 años cuando grabó este disco. Su proverbial voz estaba en su apogeo: era tenor, pero alcanzaba todos los rangos con una facilidad asombrosa. Esta grabación lo refleja con una soltura e inspiración vocal digna de su talento. Es una lástima que en ese momento no hubiese encontrado un ladero que lo acompañara en su inspiración musical, desarrollando, en una misma sintonía, sus tan personales composiciones. En ese caso el disco hubiese alcanzado alturas insospechadas.

Desmembrado el grupo, Daniel Sbarra continúo tocando folklore con el dúo Anacrusa y luego con el quenista Uña Ramos. Luego de dos años de estadía en Chile, pasaría a integrar Virus.

A Miguel Abuelo lo esperaba otro destino. El encuentro en Ibiza con Cachorro López producirá el retorno de Los Abuelos de la Nada, grupo que sacudiría la modorra ochentosa argentina.

Miguel Abuelo y su aventura musical en Francia
Miguel Abuelo y su aventura musical en Francia
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