martes 24 de febrero de 2026

NUEVOS AIRES

Andando con los bolsillos vacíos

Como siempre, con el alma llena de buenas intenciones.
Andando con los bolsillos vacíos
Andando con los bolsillos vacíos

Los sueldos no alcanzan y eso que no vamos muy lejos, ni siquiera a fin de mes. Hay ofertas que son descabelladas y nos hacen agarrar de los pelos. Otros ponen precios populares y nos quedamos sin popularidad pagando los tributos y los precios exagerados de cada producto.

Los jubilados continúan añorando los viejos tiempos que nunca existieron, los docentes con ganas de dejar la docencia y la decencia si es que no completan la grilla horaria, los municipales en trabajos precarios como sus recibos de sueldo, y la salud de la que no goza el gran pueblo argentino con los medicamentos por los cielos y debiendo bajar a los infiernos para poder pagarlos.

Ante este escenario que se presenta con el telón de fondo y nosotros haciendo malabarismo con los bolsillos vacíos, nos preguntamos dónde está el dinero, los pesos, la biyuya, el vil metal, las monedas, el cambio chico, los billetes grandes, y la extinción de las billeteras que sobreviven en los museos más prestigiosos. Los políticos, que haciendo uso y abuso de nuestra querida democracia, son los tiranos que elegimos cada un par de años, siguen manipulando la información y desviando nuestra atención como en algunos tiempos lo hacían con las aventuras y desventuras del Diego de la gente.

 

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Asistimos a marchas ajenas que nos tocan el corazón, pero sólo porque nos meten las manos en los bolsillos. Somos parte de algunas mareas que nos dejan demasiado mareados. Pero resistimos. No se sabe cómo, pero resistimos. Y asistimos a las murgas carentes de razón, llevando banderas políticas cuando las que deben flamear son las argentinas, aunque todavía falte demasiado para el próximo Mundial. Empatizamos y nos solidarizamos con las Universidades, con los centros de salud, con la tercera edad, con la gente de campo, con los empleados de comercio, con la gente común y corriente que no es indiferente con lo que sucede alrededor y en su interior. Y en esa correntada llena de humanidad, llevamos el rumbo errado cuando las canciones de cancha suenan a barrabravas, cuando se vitorea a políticos que nos llevaron a la lona, cuando saludan desde sus torres de marfil agitando sus manos con uñas esculpidas y relojes suizos.

Nadie nos defiende. Ninguno de ellos lo hace. Sólo intentan abrazarnos cuando nos necesitan para alcanzar más poder o cuando no pudieron cerrar algún negociado. Entonces es cuando lanzan paros y esconden sus manos. Y se miran de reojo. Y chicanean en redes. Y dan clases profesionales carentes de moralidad y buena memoria. Y asumen funciones sin funcionar. Y nos llevan a la ruina con sus trajes impecables. Y nos atormentan con sus propias tormentas en las que saltan de banca en banca cuando no se atornillan al sillón principal.

Pero el pueblo sigue avanzando. Continúa levantando la voz aunque algunos nos acusen de ser leones dormidos. Porque nos levantamos temprano para laburar y ganarnos el pan (con harina integral en esta primavera). Porque la remamos en kayak y dulce de leche. Porque la luchamos a través del arte, del canto, del baile, de la escritura. Porque nos mantenemos informados y podemos diferenciar el bien del mal. Porque a veces nos cansamos, pero no dejamos de sonreir. Porque aunque algunas veces desafine, el corazón sigue latiendo. Y eso significa que estamos de pie, con ganas, con fuerza para dar un golpe de timón y hacer de nuestras vidas, un buen lugar para vivir. Porque los bolsillos andan vacíos, pero tenemos el alma llena de buenas intenciones. Y por eso seguimos andando. Como nunca. Como siempre.

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