2026-05-13

ENTREVISTA

El relato del bolivarense que presenció el atentado contra Juan Pablo II: “La mayoría pensaba que se había muerto”

Aldo Biondini y su familia estuvieron en el Vaticano el día que intentaron matar al Papa.

El miércoles 13 de mayo de 1981, en el Vaticano, Italia, un hombre cometió un atentado contra el Papa Juan Pablo II y le disparó mientras entraba en la plaza San Pedro. Una familia bolivarense estuvo ahí y vivió la experiencia. Aldo Biondini contó el hecho a PRESENTE en primera persona.

A causa de los disparos, el Papa debió ser hospitalizado. En tanto, el agresor fue detenido inmediatamente y sentenciado a cadena perpetua por un juzgado italiano. Posteriormente, Juan Pablo II lo perdonó, el presidente italiano Carlo Azeglio Ciampi le otorgó el indulto y fue deportado a Turquía.

Aldo Biondini es bolivarense y cuenta con varios viajes al exterior de los que recuerda, a sus 90 años, diferentes anécdotas. Quizá una de las más importantes sea la visita a sus familiares italianos en 1981. Junto a su compañera, María Graciana, y su hijo, Gustavo, fueron a la plaza San Pedro para tomarle una foto al Papa, pero el atentado solo les permitió que lo vean de espalda.

“Allá eran las 5 y 10 de la tarde, anteriormente el Papa salía antes, ese día estaba programado para otra hora. Nosotros estábamos en un pueblo que se llama Colmurano y fuimos con Teodoro, mi primo italiano, mi señora y Gustavo, a la salida del Papa. Después, nos quedábamos en Roma unos días”, fueron las primeras palabras de Aldo, sobre su recuerdo del día del atentado.

Al llegar al Vaticano, se enteraron que había cambiado el horario y el Papa iba a salir a la plaza a las 17 horas. Entonces, fueron a dar una vuelta por Roma ya que María y Gustavo no conocían el lugar, almorzaron y luego volvieron a Vaticano.

“Ya no había lugares para sentarse, pero había una fila que había quedado que era de una delegación de gente brasilera. Había un lugar adelante, mi hijo se sentó y mi señora, yo y mi primo, nos quedamos parados atrás”, relató.

Al momento que salió el Papa, Aldo y María hablaban con otro matrimonio argentino. “Se cortó la conversación y todos miramos para sacar fotos. Pasó justo por delante de nosotros, pero mirando para el otro lado, y el hombre que estaba conmigo me dijo que cuando vuelva, le podía sacar de frente. Igual le saqué una de espalda y cuando hizo 50 o 70 metros, se armó el despelote”, siguió.

Aldo aseguró que alcanzó a ver cuándo Juan Pablo II se cayó y, por el desorden que se armó, perdió a sus familiares. El sector de la plaza se cerró inmediatamente y se llenó de policías. “La gente se asustó mucho, lloraban, yo lloraba también, ¿a quién no le va a gustar ver al Papa? Es único, la gente quedó muy triste, lamentándose, y nadie sabía nada. La mayoría pensaba que se había muerto. Para nosotros desde ahí se terminó el viaje, no nos quedamos los tres días, mi señora se quería venir, estaba muy amargada”.

 

 

Sobre la descripción del momento, Aldo agregó que “como le pegaron al Papa, le podrían haber pegado otros también, la gente que estaba cerca se asustó más y hay gente que lo vio cuando sacó el revólver. Fue un momento de mucha tristeza y había gente que seguía llorando, hacía dos horas que había pasado y lloraban”.

Luego de lo sucedido y tras haberse cerrado el lugar, Aldo se reencontró con su familia pero debieron permanecer en la plaza por dos horas, hasta que tuvieron permiso de salir. El intento de asesinato al Papa había sido un momento difícil, pero a los bolivarenses les esperaba otra mala noticia.

“El auto estaba estacionado al lado del río, con mi señora nos quedamos ahí y mi primo con Gustavo fueron a buscar un hotel. En el auto no podíamos salir porque estaba todo cerrado. Teníamos un bolso atrás, en el baúl, ella lo sacó para ponerlo adelante y en eso, escuchando la radio, dijeron que justo donde estábamos venían corriendo al que le había pegado el tiro al Papa, iba corriendo por abajo del río, lo estaban siguiendo”, contó Aldo.

Ante la alarma de la policía que perseguía al agresor, Aldo y María se acercaron a la baranda del río para mirar y, en un descuido, perdieron de vista el bolso en el que tenían todo el dinero disponible para el viaje, entre otras cosas. “Cuando volvimos, no estaba más. Había 3.000 dólares, rollos de fotos, y no los recuperamos más”, terminó Aldo.

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