2026-01-15

HISTORIAS DE VIAJE

Son bolivarenses, construyeron un motorhome para vivir viajando y recorren el país junto a su gato

Hasta diciembre de 2025 llevaban recorridos 11 mil kilómetros, pasaron por 11 provincias y conocieron 75 localidades.

Agustín Macchiaroli, Cintia Theill y Torta Negra, dos bolivarenses y un gatito tandilense, tuvieron un sueño y decidieron poner manos a la obra sin perder tiempo: construir un motorhome para vivir viajando. Hasta diciembre de 2025 llevaban recorridos 11 mil kilómetros, pasaron por 11 provincias y conocieron 75 localidades. Volvieron a Bolívar y decidieron hacer base pero las ganas de sumar experiencias, siguen intactas.

La pareja bolivarense vivía en Tandil por cuestiones laborales y a principios de la pandemia “nos empezamos a replantear nuestro estilo de vida (ambos con trabajos en relación de dependencia)”, contaron. Así, surgió la idea de armar un motorhome y probar otra forma, al día siguiente comenzaron a invertir en lo que necesitaban y seis meses después compraron una Mercedes Benz 180 modelo ’94 a la que llamaron ‘la Marta’.

“Nuestro viaje literalmente comenzó ahí, en junio de 2020, cuando tomamos esa decisión. Como principal objetivo teníamos la restauración y construcción de la camioneta, Agus es mecánico y tiene conocimiento en herrería, carpintería y electricidad, y a mí el trabajo en detalle siempre me gustó”, indicó Cintia.

Cuatro años y medio les llevó el trabajo de desarmado y reparado (chapa, pintura, motor, chasis, techo) de la camioneta. El paso siguiente era camperizarla, que es la transformación en un espacio habitable y autónomo para viajar. “Este proceso nos hizo entender la importancia de ser pacientes, y luchar por los sueños a pesar de todas las dificultades que iban surgiendo”, recordaron.

En medio del proceso de armado de su nuevo hogar, llegó el nombre ‘la Marta’ en honor a la abuela paterna de Agustín que falleció.

 

 

“En noviembre de 2024 se nos vencía el alquiler de la casa, llegaba la hora de dejar la casa fija y mudarse con lo justo y necesario a la rodante, solo le faltaban detalles a la Marta. Agus renunció a su trabajo, yo ya trabajaba de forma independiente, vinimos a Bolívar a disfrutar de la familia y amigos en el verano y a ultimar detalles, y en abril del 2025 salimos, llenos de miedos y de ganas de ver qué nos deparaba la ruta a los tres”, detalló Cintia sobre el inicio de la nueva vida.

Durante los años de armar la Marta surgieron dudas sobre qué iban a hacer con el gato, el Torta Negra, porque “no sabíamos si le iba a gustar esa vida”. Cada persona que había elegido la vida de viajar y pasaba por Tandil era invitado a la casa de Cin y Agus a que carguen sus tanques de agua, que laven su ropa, que se puedan duchar sin contar los litros de agua, algo que se agradece mucho. “Casualmente, todo viajero que pasaba por casa viajaban con gatos, nos incentivaron a que hagamos lo mismo y entonces decidimos probar nosotros también”, dijeron.

Torta Negra tuvo una capacidad de adaptación que los sorprendió y se acostumbró rápido a su nueva vida en movimiento, cambiando de patio cada dos o tres días. “Pocas veces le pusimos correa, él siempre se manejaba libre y volvía a la Marta, salvo una vez que se desorientó porque estábamos en una localidad del norte en época de viento zonda, perdió el rastro del olfato y no supo volver. Casi todo el pueblo se puso en campaña para ayudarnos a encontrarlo y finalmente lo logramos, después de esa experiencia decidimos comprarle un rastreador”, es una de las anécdotas con el gato.

 

Objetivo cumplido

 

Los jóvenes marcaron que el objetivo de construir su casa rodante, vivir en viaje, trabajar en el camino y adaptarse, se logró y fue “una gran satisfacción ver cómo cumplimos ese sueño”. El primer destino fue Pehuajó, ir a visitar a familia de allá y luego subir rumbo a Córdoba.  

Entre abril y diciembre de 2025 recorrieron 11 mil kilómetros, pasaron por 11 provincias entre ellas parte de Córdoba, San Luis, el Noroeste y el Litoral, y conocieron 75 localidades.

En diciembre decidieron volver a Bolívar a pasar las fiestas con familia y amigos. Desde entonces, la idea es instalarse en la ciudad como base pero continúan las ganas de “seguir conociendo nuestro hermoso país a nuestro ritmo y haciendo viajes más cortos”. Mientras tanto, ofrecen sus servicios a la comunidad de Bolívar, entre ellos: camperizaciones, restauraciones, mecánica, herrería y carpintería, para que otras personas “también puedan cumplir su sueño de viajar”.

Cintia por su parte, atiende de forma presencial y virtual con sus terapias holísticas. Ella es profesora de yoga, coach en depuración y ofrece talleres y clases virtuales de depuración, y sesiones individuales de tarot, registros akashicos y transgeneracional. El Instagram es @cintia.lunar.

 

 

En tanto, mientras viajaban, probaron hacer artesanías y les gustó aprender de otros viajeros que les enseñaron en el camino. “Pudimos ofrecer nuestros trabajos artesanales en ferias locales y pueblos (alambrismo, piedras y tejidos macramé), también salimos con algo de ahorros y previamente habíamos decidido invertir en una antena para tener internet siempre y que Cintia pueda trabajar con sus terapias holísticas de forma virtual”, señalaron.

 

La calidad de la gente y las prioridades

 

Entre las muchas cosas que los sorprendieron en el viaje, los viajeros mencionaron los paisajes tan cambiantes, animales que nunca habían visto y la gente de cada lugar que los recibía con mucha amabilidad. “Hicimos muchos amigos en viaje, en Villa Larca, San Luis, convivimos una semana con una familia como si los conociéramos de toda la vida, nos abrieron las puertas de su casa y de su corazón, en Alta Gracia estuvimos adentro de la sierra viviendo en una comunidad un mes y también sentimos esa familiaridad como si nos conociéramos desde siempre, la gente es muy cálida”, describieron.

En cuanto a la decisión de hacer noche en un lugar, la prioridad era encontrar un espacio tranquilo para que Torta Negra se pueda bajar, que la Marta esté estacionada sobre el lado del conductor para abrir la extensión de la cama y, “si sabíamos que íbamos a estar más de un día, que nos dé el sol directo para poder cargar los paneles solares”. Cuando necesitaban lavar ropa y utilizar agua a discreción, optaban por ir a un camping ya que en la Marta solo cuenta con 90 litros de agua.

 

Los amigos nuevos que les regaló la ruta

 

Al poco tiempo de empezar a darle forma al sueño de viajar, Cin y Agus decidieron hacer la cuenta de Instagram @lamartaviajera para mostrar el proceso de restauración. “Más que nada para que familia y amigos puedan ver esos avances ya que estábamos en Tandil lejos de ellos”, comentaron. Luego, en el viaje, la utilizaban para mostrar los lugares a donde llegaban. “Nos gusta sacar fotos lo justo y necesario y disfrutar del lugar, por eso nunca tuvimos la idea de hacer contenido de viaje porque requiere de mucho tiempo grabar, editar y estar al día con las redes”.

Más adelante, los bolivarenses remarcaron la felicidad que les provocó lograr el objetivo, “no haber bajado los brazos a pesar de todo el tiempo que nos llevó el armado, y sobre todo vivir esta experiencia con la gente que amamos y con todos los amigos nuevos que nos regaló la ruta”.

Como mensaje final, animaron a otras personas a viajar o hacer eso que quieren. “Los sueños están para cumplirse, en ruta vimos gente viajando de mil formas, con lujos, sin ellos, solo viajando y buscando encontrarse a sí mismos. Miedos hay siempre y saliendo a las rutas descubrís que hay gente que te ayuda en vez de perjudicarte.

Nunca tuvimos experiencias peligrosas, al contrario, siempre fuimos recibidos con amabilidad y nos cruzamos con muchas personas dispuestas a darnos una mano. Desde alguien que nos regalaba hielo donde hacía mucho calor, a otra familia que por solo ser viajeros nos abría la puerta de la casa y nos invitaban a comer. Este país está lleno de gente hermosa y paisajes que también acompañan esa belleza interior”, dijeron por último los viajeros.

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