2024-10-22

NUEVOS AIRES

La maratón de la ciudad y nuestras propias corridas

Escribe Gastón Peret.

El sábado se celebró la 25º edición de “La Maratón de Tinelli” como cariñosamente la llamamos los que vemos a la gente pasar apurada por las calles de la ciudad, sabiendo que no es a causa de alguna invasión extraterrestre o alguna oferta que hay que aprovechar.

Los que sí aprovechan y corren, como quizás nunca antes en sus vidas, son los políticos de la ciudad para llegar a tiempo a la foto con el cabezón más famoso de Bolívar. Pero antes de la sonrisa ante las cámaras, hubo una carrera contra el reloj. Y por eso se vio tanto movimiento en nuestro querido Parque para pintar algunos muros, para arreglar los baños que tantas veces aparecen inundados o cerrados.

La puesta en punto y los colores de fachada para que los visitantes que se prestan a llegar a la ciudad por estos días, vean lo lindo que está todo. No para nosotros los locales, que somos los que cada finde andamos mateando, parrilleando, jugando, paseando por este sector clave de Bolívar. Sino es siempre el maquillaje sin tanta profundidad. Como el milagro que nuca le llega al “Vía Crucis” y que más que un recorrido para “Semana Santa” es más propicio para “Halloween” por el estado zombi de sus sagradas figuras.

 

Marcelo Tinelli en Bolívar.

 

El milagro sí ocurre con el almanaque y entonces la limpieza de las calles, la tapada de algunos baches históricos, la inauguración de la nueva Casa Hogar y el nuevo espacio en el Servicio de Maternidad del Hospital. Todo esto con la puntualidad de la Maratón y la llegada de Marcelo Hugo para mostrarle qué lindo todo y así inaugurar y renovar todo lo que desde hace tiempo es necesario hacer, pero qué mejor en presencia del gran conductor, su linda novia y su simpático primo.

Y cuando al otro día se termine la fiesta deportiva, las corridas serán intentando dar alcance a las motos que no cumplen con sus papeles y a los motociclistas que son capaces de pasar por arriba de un agente de tránsito para evadir, simplemente, el cumplimiento de la ley. También habrá algunas otras corridas, pero en este caso para escapar de los “queridos” perros callejeros, que dejan de ser queridos cuando sus colmillos afilados se aferran a nuestras piernas. También hay corridas porque es demasiado lujo tomar un remís con los precios que tienen por un impar de cuadras. Y ni hablar de las corridas con malabarismo incluido que hacen los jubilados para llegar a fin de mes después de pasar por algunas de las farmacias de nuestra ciudad.

Sí, acá corremos por diversas causas nada saludables, es por eso que el domingo, lo mejor que se pudo hacer, y fuera de toda competencia deportiva, fue correr con el corazón para darle un beso grande a mamá, para recordarla con amor, para compartir un buen momento con ella, para brindar y saludarla mientras se mira alguna estrella preferida.

Te puede interesar