SIN FRONTERAS
El hermoso y particular universo del vitralista bolivarense Gonzalo “Bonchi” Álvarez
En su adolescencia Bonchi se inclinó por la fotografía, tenía una Nikon F10 analógica y revelaba con un amigo que estudiaba fotografía. Partió de Bolívar en 1989 y un año y pico después comenzó a estudiar Ingeniería Forestal en La Plata, no rindió los finales de la carrera, pero la experiencia le generó una revelación. “Gracias a ello conocí el bosque, y con el bosque, sobre todo los bosques andino patagónicos, llegaron esos primeros momentos de extrañamiento, de sugestión, de melancolía, el claro de luz en medio de un bosque y la fotografía para intentar atrapar esas emociones o sensibilidades en una imagen”, dice.
Comenzó a estudiar Fotografía y en 1998 realizó un viaje a México. “Fue un viaje iniciático, esas fotografías me llevaron al interior de los templos y a los vitrales”, agrega. A su regreso comienza un curso de fotografía con Ataúlfo Pérez Aznar, y luego, entre 2000 y 2002 ingresó a la escuela de Yuyo Pereyra, reconocido por enseñar la técnica de fotografía estenopeica.
En 2004 Bonchi ingresó en la carrera Diseño, Realización y Restauración de Vitrales en la Catedral de La Plata. “El vitral que hago, que conocí y aprendí a realizar en aquella carrera (se cerró en el 2009), es el vitral clásico - explica Gonzalo -. Las técnicas que uso son las técnicas clásicas de pintura sobre vidrio que se desarrollaron en la edad media, con su comienzo en el románico y quizás antes y luego el esplendor en el gótico, el armado con plomo, o técnicas como el vitrocemento, técnicas antiguas con nuevas herramientas, eso es lo que hago”.
Su primer vitral para el trabajo de fin de carrera en la Catedral fue ‘San Jerónimo escribiendo’, basado en una obra de Caravaggio. “El manto de San Jerónimo lo hice con grisallas rojas y naranjas, el color apareció luego de la tercera o cuarta horneada, lo trabajé como decía Teófilo con vino ajado, ya no recuerdo de que bodega era ni tampoco como sucedió”.
En 2008, cuando concluyó el trabajo en la Catedral de la Plata, compró un horno y montó su taller rodeado de su propio “bosque”. El taller se llama ‘El Erial’. “Erial hace referencia a un fragmento de naturaleza prístina sin ningún tipo de intervención del hombre dónde crecen un montón de hierbas y especies vegetales en un caos natural - relató Bonchi en el canal de YouTube ‘Los viajes de Luxor’ -. Me contiene, me da herramientas para encontrarle sentido a lo que vivo. En un momento sentí que necesitaba ese canal de expresión, lo busqué primero en la fotografía y terminé encontrándolo en el vitral. Me gusta mucho el vitral y quiero seguir haciéndolo hasta que dé”.
Cuando a Bonchi lo solicitan para un trabajo, él entrevista a los interesados, ve el lugar y el estilo arquitectónico, y a partir del pedido comienza a diseñar. “Me pidieron un trabajo para una casa de arquitectos, un lugar hermoso, con líneas muy contemporáneas, me pedían algo abstracto, pero cuando miro dónde va a ir el vitral, veo que detrás del tapial asomaban tres ramas de un fresno. Entonces me dije esas tres ramas tienen que ser el comienzo de las líneas del vitral y después trabajas con los colores que ellos te sugieran. Aún en una ciudad y en un trabajo abstracto aparece ese puente con la naturaleza para pensar en la obra”, explica en Los viajes de Luxor.
La música está muy presente durante el proceso de trabajo de Bonchi. Un amigo le solicitó un vitral para su casa en Canning y le dio total libertad para manejarse. Al vitral lo tituló ‘Cactus en Flor’. Nos cuenta: “Todo un verano trabajando a full, sonaba mucho en el taller Ramón Ayala, entonces son cactus que nacieron con música litoraleña, raro pero es eso de las afinidades electivas”.
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Bonchi es un melómano refinado, intentó infructuosamente tocar algún instrumento musical y recuerda la casa de Avellaneda de su primo, Pablo García, donde escuchó los primeros vinilos.
Acusa influencias de la música que escuchaba su padre: los Falú, Eduardo y Juan, Atahualpa Yupanqui, Cuchi Leguizamón y el folklore latinoamericano. El rock de su adolescencia: “Siempre David Bowie”, acota, y Lou Reed, Neil Young, Nick Drake, Dr John, Joni Mitchell; el postpunk, The Clash, Joy División, Sumo y un largo etcétera, y de lo actual Wilco y Arcade Fire. También música clásica y mucha música antigua; y el jazz: Miles Davis, Charles Mingus, Charlie Haden, Carla Bley, Thelonious Monk y más acá, Brad Meldhau, Stefano Bollani, James Saft, y confiesa: “ahora estoy a full con Cécile McLorin y Salvant & Sullivan Fortner.
Bonchi recibió un encargo de Gustavo Astarita (cantante de la banda platense Mister América) y artista plástico) para su casa en Abasto. A la serie de vitrales la nombró ‘Las cuatro estaciones’. Confiesa que en esos días de trabajo sonaba música brasilera en su taller: Moreno Veloso, Naná Vascocelos con o sin Gismonti, Tom Zé, Maria Bethania y los paulistas Miguel Wisnik y Ná Ozzetti.
Sobre los vitrales de otoño, Bonchi nos revela: “Del otoño puedo decir, son hojas con unos peces sobre ellas, hojas caídas del otoño que en medio de la humedad han dado lugar a los peces. La imagen que surge de ellas es Julieta, porque Julieta es el otoño, es ir a tirar una manta sobre las hojas de gkingo en el bosque o en parque Saavedra, con una tarta de peras y celebrar el otoño. Los peces también remiten a Julieta ya ella siempre está atraída por peces. Entonces es una celebración del otoño y una celebración de Julieta, ¿un homenaje? No sé, es algo de otro orden”.
Julieta Warman es la compañera de Bonchi, es Licenciada en Bellas Artes, se especializó en grabado y realiza seminarios y talleres.