2024-08-11

NUEVOS AIRES

Ojos que no ven, pero con el corazón sintiendo

Una realidad que no permite el vuelo que nos aleje un poco de ese aterrizaje forzoso con que el día a día nos despierta antes de que podamos abrir los ojos.

Escribir para un medio resulta algunas veces escribir a medias. Porque la literatura se mezcla con una realidad que no permite el vuelo que nos aleje un poco de ese aterrizaje forzoso con que el día a día (y en nuestro país, el minuto a minuto) nos despierta antes de que podamos abrir los ojos.

La ventana apunta siempre hacia afuera, porque es más cómodo ver el desorden del mundo que el despelote que podemos tener en nuestra propia habitación. Entonces nos distraemos con lo que sucede en el país vecino y venezolano y nos informamos a través de distintos noticieros, periódicos, portales que nos quedan más a mano y a la altura de lo que pensamos. El cielo continúa a la misma altura, pero el techo está cada vez más bajo y el pensamiento profundo queda en la mesita de luz mientras apretamos play para mirar el nuevo bodrio popular que nos ofrece Netflix.

 

 

 

La ventana se mueve y direcciona hacia Corrientes, donde ahí los latidos y la humanidad se presentan con mejor ropaje, para preguntarnos dónde carajos está Loan. Y sabemos que las respuestas no son las más alentadoras porque el puente comercial humano se encuentra abierto desde hace años, muchos años. Y si quienes tienen que investigar y hacer Justicia, llegan al mejor puerto posible, lo más probable es que estemos ante una montaña de tratas de personas, de pedófilos cuidados, de corrupción gubernamental, de impericia justiciera, de lágrimas donde debieran escucharse sonrisas, de silencio atroz.

Y en nuestra propia casa, hace alrededor de mil días que nos hacemos la misma pregunta, pero con otro nombre: ¿Dónde carajos está Juan Woldryk? Porque estamos en un país en el que no aceptamos más las desapariciones. Queremos presencias y esencias. Por eso el pueblo se mueve en tiempos cibernéticos y arma en sus distintas redes, cadenas de puntitos, publicaciones y compartires para que aparezca algún viejito que se escapa del Hogar, un adolescente que reniega de sus padres, mascotas que salen a curiosear más allá de su olfato.

 

Seguir leyendo: Tenía la moto en la vereda y al salir de su casa no estaba: denunció un robo y pide ayuda para recuperarla

 

Porque los buenos (que somos mayoría) siempre quedamos salpicados por los que no se comportan socialmente. Entonces debemos sorprendernos de la seguidilla de puertas de casas violentadas y comercios que son visitados por ladronzuelos. A la misma altura se podría poner el cobro de los remises por el recorrido de diez cuadras. Y la esquina fatal resulta ser la última historia que se escribe con tintes que no son de nuestro palo. Una búsqueda repentina y el encuentro macabro entre cenizas que el viento no se llevó.

Sobre el final de esta columna, la comunidad despertó con la sonrisa desdibujada al enterarnos de otro asesinato, en este caso de Rocío, una chica de treinta y pico, que perdió la vida por la desquicia de su ex, quien la apuñaló varias veces. Sin justificaciones. Y con una perimetral que es invisible, que es un dibujo, que no se respeta ni se hace respetar, que es mortal para las personas que las solicitan, precisamente, para que no les suceda nada malo.

 

Foto: Pilar Posadas.

 

Bolívar es una gran ciudad, llena de personas de buenos corazones. No permitamos que unos pocos humanos nefastos nos hagan perder el paraíso. Acá también hubo elecciones. No hubo fraude. Pero estamos esperando, muy pacientemente para los mejores paladares, que desde la política se ordenen las calles y se limpien de quienes nos quieren ensuciar el alma, la vida, y las buenas costumbres. Estamos en el centro de la Provincia de Buenos Aires. Pero sobre todo, estamos en el corazón de cada uno de nosotros, de los nuestros, de los buenos.

Te puede interesar